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“Suena el violín, cuerdas desafinadas, arraigadas en el pasado, cantando el llanto frenado durante tanto tiempo”.

“Abismado e chispeante delirio”

Por Tirupathamma Rakhi.

Lánguido y enfurecido sopesar, aliento condenado, augurio atrapado entre paredes de recuerdos, dormido en laureles de veneno…

Lejana de la rutina, caminaba sin mirar atrás, una luna escondida por un sol completado por nubes y un cielo infinito, rezado por tantas palabras silenciosas para ser habladas por cuerpos desesperados, corazones destrozados, desnutridos en los auras de hablas mudas y vocablos diluviados por el júbilo y perspicaz semejante al sufrimiento del despido. Navega en los andares entorpecidos por el desconcierto por el nuevo y quebrado presente, solitario, horripilante y descortés, afamado al saber que no ya volverá a alimentarse del sentimiento que tenía cerca por momentos y distante cuando más echaba en falta.

Suena el violín, cuerdas desafinadas, arraigadas en el pasado, cantando el llanto frenado durante tanto tiempo mientras la voz da la bienvenida al camino que persigue la muerte una y otra vez, encarcelada en ese soslayo descubierto en la pradera manchada de hojas secas, destruidas por el paso de unas huellas moribundas, sin ser detenidas para así observarlas, encaprichada en la ignorancia  del arcén  en el atardecer colmado de escarchadas e infinitas gotas derramadas por la bóveda cristalizada. Estremecido, preámbulo y distante madrugada, desatada en la afligida tormenta de irracionalidades, escatima la aurora en la arena de espinas y rotas esperanzas.

En la ofensa de la mente incauta, escribió con cada pensamiento el destino de un futuro sin mañana, excluida de esa realidad disfrazada, mentiras a la criba de un aventura que no era más que la ilusión de un corazón volcado y atrevido, queriendo ser arriesgado para sufrir a sabiendas que no iba a corresponderle, un desafortunado concierto de confusiones. Asombrada por tanta diligencia entre letras y carteros sin afán de perseguir para llegar al abismado e chispeante delirio, un bosque de sentimientos en el que el viento lleva con su ráfaga el recuerdo de un dolor causado por el sufrimiento propio, amor.

Tan sólo pecar en la amargura existencial, sería poder sobrevivir entre algodones y almohadas de fotografías impregnadas de perfumes, tú, mi gran debilidad.

2015-12-12

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