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El Dia de les Escriptores 2017: “Dones, saber i poder”

  • Per celebrar-ho Diari Sant Quirze us convida a llegir avui a dues escriptores molt properes i molt estimades:
  • El microrelat “Una nueva vida” de Cristina Redondo
  • El poema “Me llaman libertad” de Tirupathamma Rakhi

AVELINA BENITO/CULTURA/EL RACÓ DEL LECTOR.  Ahir es va celebrar el Dia de les Escriptores amb el lema “Dones, saber i poder” inspirant-se en el terme “apoderament”, que defineix el procés seguit per augmentar la fortalesa d’individus i comunitats en relació a la seva situació de pobresa o marginació.

El Dia de les Escriptores és una commemoració iniciada a Espanya l’octubre de 2016 per recuperar el llegat de les dones escriptores, fer visible el treball de les dones en la literatura i combatre la discriminació que han sofert al llarg de la història.

Sorgeix per iniciativa de la Biblioteca Nacional d’Espanya, l’Associació Clàssiques i Modernes i la Federació Espanyola de Dones Directives, Executives, Professionals i Empresàries (FEDEPE) per compensar la discriminació històrica de les dones en la literatura.

Encara que les escriptores cullin bones crítiques en els llançaments de les novel·les en els ‘rànquings’ amb els millors llibres que es fan a final de cada any les dones no estan.

A pesar que hi ha moltes dones escriptores amb èxit a Espanya el Premi Nacional de Narrativa ho va guanyar una dona (Carme Riera) per última vegada en 1995.

“Fa 21 anys que cada any se l’emporta un home” assenyala Laura Freixas presidenta de Clàssiques i Modernes explicant la commemoració.

El premi més important de literatura en llengua castellana, el Premi Cervantes, només s’ha concedit en quatre dècades, des de la seva institució en 1976 a 2016 a 4 dones: María Zambrano (1988), Dulce María Loynaz (1992) Ana María Matute (2010) y Elena Poniatowska (2013).

4 dones enfront de 37 homes.

El Premi Nobel de Literatura des de la seva creació en 1901 fins a 2017 ha premiat a 13 dones i 100 homes.

“Una nueva vida”. Cristina Redondo

Ahora que ya había pasado todo, le parecía haber vivido una vida en blanco y negro que los demás siempre negaban vivir.

A ella, la vida de los demás le parecía un drama, Un drama mucho más fuerte que el suyo. Mientras la gente hipócrita le negaba aquel matiz dramático. A ella le daba igual, se veía a lo lejos que estaba en lo cierto y continuaba su vida diaria como si nada de ello hubiera percibido. Después de todo, aquella ya no era su guerra.

Había aprendido a no meterse en la vida de nadie, así que agradecía que nadie se metiera en la suya, a pesar de que eso era algo que la gente jamás había aprendido a evitar.

Era mayor para pensar como una adolescente, pero su corazón aún latía con la misma fuerza de cuando huyó de aquella guerra.

Cruzaba la calle y pensaba en todos ellos. En los que, por suerte, dejó atrás y no volvió a ver nunca más. Recuerda sus sentimientos cuando volaba hacia su nuevo destino. Se sentía hastiada y derrotada, después de tanto luchar por su libertad, y de pronto era como si alguien hubiese abierto las puertas de su enorme jaula y pudiera volar. Volar de verdad.

Atrás quedaba el odio y la desidia de quién se creía más fuerte que el resto y humillaba a aquel que envidiaba. Atrás quedaban aquellas miradas de rechazo y, al mismo tiempo, de miedo a la inferioridad. Atrás quedaba toda aquella muchedumbre que luchaba por algo que jamás obtendría. La guerra los haría callar. Por siempre jamás.

La guerra dio por finalizada muchas batallas que antes nadie percibía, pero, sin embargo, allí estaban: subyacentes en un mundo de vanidad y egolatría sin fin.

El dolor cambia a las personas y las hace más sensibles a las cosas que, de verdad, importan en la vida. Aunque también, el dolor endurece la mirada y templa los nervios, haciéndonos inverosímiles al sufrimiento de quién sufre por banalidades.

Cruzaba la calle, pensando en todo ello. Sin darse cuenta que había iniciado una nueva vida hacía demasiado tiempo, y que ya no era una ciudadana emigrante, sino una ciudadana, sin más.

Tras haber cruzado la calle, se dio la vuelta y vio los niños jugar, como jugaban en su calle cuando era pequeña. Vio una vecina anciana con la compra en la mano, como su abuela cuando bajaba al mercado y pensó “Quizás las cosas no hayan cambiado tanto, quizás la vida es irónica, de verdad, y acaba siempre girando, hasta hacernos vivir otra vez la misma historia, hasta que entendemos el  verdadero significado de la vida”.

“Me llaman libertad”. Tirupathamma Rakhi

La proclamaban, algunos en silencio, otros a gritos, con cantos y llantos.

La ira los envolvía, la soberbía les consumía, las mentiras ciegas a los videntes.

Las banderas se alcazaban, junto al infinito.

Horizonte de colores, tierra y mar.

La sangre corría a doquier, pueblos de humos y cenizas.

Palabras odiadas, promesas olvidadas, guerras forzadas, violadas.

Noches cernadas con demasía.

El amor, ahorcado por la esclavitud.

Encadenada con falsa libertad.

Y tu, mi progenitor, juzgarás estos pensamientos y renegarás de todo recuerdo compartido y vivido.

No quiero para mis futuros lo que he tenido mi pasado junto a la hambruna.

Despréciame sin (o con) mezquindad .

En mi tierra, a su orilla, escribiré libertad para las cuatro barras y la estrella del sueño ya más que esperanzador.

Me llaman libertad
Tirupathamma Rakhi

 

2017-10-17

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