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"il dolce far niente". Cristina Redondo

ILDOLCEFARNIENTE #10 -La columna d’opinió de Cristina Redondo.

CRISTINA REDONDO/OPINIÓ/TRIBUNA. El silencio es el bien más preciado cuando vives en una gran ciudad. A veces usaba los auriculares sólo para dejar de oír a toda esa gente. Odiaba el ruido. El silencio relajaba su mente, pero sobretodo, le calmaba no tener que oír ese gran ruido, de modo que cuando llegaba a casa, lo único que se le ocurría era no encender la televisión, ni tampoco poner música, ni nada que hiciera ruido, aunque, desgraciadamente, no podía evitar oír el ruido de sus vecinos en sus pisos, el ruido del ascensor subir y bajar, el ruido de los coches de la calle…todos esos sonidos innecesarios: los odiaba.

Al llegar a casa, lo primero que hacía es quitarse todo lo que llevaba encima. Se metía en la ducha y se quitaba todo el sudor del día y la sucia polución de su piel. Odiaba esa suciedad en su cuerpo. Se ponía ropa cómoda para estar en casa. A veces uno de sus pijamas, a veces uno de sus chandals. Easywear, lo etiquetan algunos adictos a la moda en Instagram.

En la cocina le esperaba su máquina de Nespresso. No podía tomar otro café que no fuera Nespresso. Cualquier otro café le caía mal, su propio organismo se encarga de rechazar el café que fuera de otra marca. Le dolía ser víctima consciente de la sociedad consumista del siglo XXI . Encendía la máquina y seleccionaba una versión Vintage. Edición limitada. Se sentaba en el sofá con su café y lo único que deseaba hacer era leer a Murakami.

Murakami era uno de sus escritores preferidos. Nunca lo decía, pero siempre que le aburrían otros escritores, volvía a Murakami y entonces, se enganchaba de nuevo a la lectura. Murakami escribe con el corazón, y eso se nota, porque te enamora a cada frase. Murakami cautiva. Leía a Murakami y subrayaba sus frases, incluso, a veces, hasta las recitaba como si fuera uno de esos poemas clásicos que todos conocen, pero después, con el tiempo, ya nadie recuerda.

Cae la noche, ha olvidado que debía de hacer otras cosas, como preparar reuniones de trabajo. Pero, después de leer a Murakami durante toda la tarde ¿realmente importaba? Se daba cuenta de que había cosas más importantes en la vida que no sólo las inmediatas, pero aún y así subió una foto del skyline de su ciudad a Instagram. Necesitaba la dopamina en su cerebro del like instantáneo. Aparecían cientos de likes en un instante, con cada like aumentaba el bienestar y la autoestima en su cerebro. Al día siguiente, volvería a ser laborable. Volvería a la oficina. Todos cansados de tanta rutina. Y al atardecer volveríamos a casa. Esperando encontrar calma, paz, sosiego. Y ahí descubriríamos, de nuevo, el silencio, Murakami y un Nespresso, y daríamos las gracias por esos pequeños momentos, por esos cientos de likes instantáneos.

 

Silence is the most precious thing when you live in a big city. Sometimes I used the headphones just to stop hearing all those people. I hated the noise. Silence relaxed his mind, but above all, it calmed him not to have to hear that great noise, so that when he got home, all he could think of was not to turn on the television, or to put music or anything that made noise, Though, alas, he could not help but hear the noise of his neighbors in his apartments, the noise of the elevator going up and down, the noise of streetcars… all those unnecessary sounds, he hated them.

When he got home, the first thing he did was to take everything he had on him. She would go into the shower and sweat away all the sweat of the day and the dirty pollution of her skin. He hated that dirt on his body. She wore comfortable clothes to be at home. Sometimes one of his pajamas, sometimes one of his sportswear. Easywear, are labeled by some fashion addicts on Instagram.

In the kitchen, his Nespresso machine was waiting for him. I could not have another coffee other than Nespresso. Any other coffee did not like him, his own body is responsible for rejecting coffee that was outside another brand. It hurt to be a conscious victim of the consumer society of the 21st century. He switched on the machine and selected a Vintage version. Limited edition. He sat on the couch with his coffee and all he wanted to do was read Murakami.

Murakami was one of his favorite writers. He never said it, but whenever other writers got bored, he would go back to Murakami and then he would get hooked on reading again. Murakami writes with the heart, and that shows because he falls in love with each sentence. Murakami captivates. He read Murakami and underlined his sentences, sometimes even reciting them as if it were one of those classic poems that everyone knows, but then, in time, no one remembers.

Night falls, he has forgotten that he must do other things, such as preparing business meetings. But, after reading Murakami all afternoon, did it really matter? He realized that there were more important things in life than just the immediate ones, but he still uploaded a picture of his city’s skyline to Instagram. He needed the dopamine in his brain like instantaneous. There were hundreds of likes appearing in an instant, with each like increasing well-being and self-esteem in his brain. The next day, it would again be workable. I would go back to the office. All tired of so much routine. And at dusk, we would go home. Hoping to find calm, peace, calm. And there we would discover, again, the silence, Murakami, and a Nespresso, and we would thank for those little moments, for those hundreds of instant likes.

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CRISTINA REDONDO

 

2017-02-09

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