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Entrevista a la medallista olímpica Thais Enriquez

ESPORTS/ J. M. POLO

“La natación sincronizada me ha enseñado que creyendo apasionadamente en algo que no existe podemos crearlo, porque eso que no existe es algo que no has deseado lo suficiente”.

Con 13 años descubriste la natación sincronizada y dos años más tarde ya conseguiste entrar en el Equipo Nacional. ¿Qué recuerdas de ese momento?

Yo solo recuerdo que me enamoré de la sincronizada. Yo estaba haciendo tenis y cuando fui a probar esa nueva disciplina que mezclaba varios deportes (danza y natación, sobre todo) me quedé. Mi familia siempre me ha tenido la cultura del deporte muy inculcada y la verdad es que fue alucinante y como un sueño que en menos de dos años ya pudiera llegar donde llegué. Eso fue el principio de todo, pero de verdad que cada día lo viví como si fuera el último. Había muchos prejuicios, porque muchas de las componentes de la selección habían comenzado con cinco o seis años, y siempre vas escuchando eso de “bueno, ya eres muy mayor, nunca lo conseguirás pero sigue entrenando”. Y yo me acuerdo que ignoraba todo y entrenaba cada día con mucha ilusión porque cada pequeño avance era como una fiesta para mí. Claro, yo entré en un deporte para el que no había nacido, porque yo no tenía ni flotabilidad ni flexibilidad, ni muchas de las cosas que parecen que ahora sean innatas.

Dentro de esta categoría Junior conseguisteis la primera Medalla de plata por Equipos en la Historia de España. En ese momento y después de un año intenso decidiste poner punto y final a la natación sincronizada. ¿Por qué?

Pues porque la sincronizada es un deporte que te tienes que entregar en cuerpo y alma. Yo siempre he sido una persona muy responsable con los estudios y siempre sacaba muy buenas notas. Y claro, en el último año de selección yo tenía 17 y lo estaba alternando con lo que antes era el COU (que justo era el año cuando se hacía la selectividad), de manera que tenía que faltar mucho a clase y cuando volvía pues tenía un horario muy exprimido: de 8.00h a 14.00h el instituto, comía rápido para ir a clases particulares y luego ir a entrenar hasta que volvía a casa para dormir. Me lo pusieron muy difícil en el instituto, porque no querían hacerme cambios de exámenes ni otras modificaciones o adaptaciones. Tuve que luchar a contracorriente, hasta el punto que muchos profesores me dijeran que tenía que elegir entre estudios o deporte. Pero no, yo por mi cabezonería sabía que quería hacer las dos cosas y las tenía que sacar adelante. La verdad es que fue muy intenso y mucha presión. No me quería permitir el hecho de tener que repetir un curso, bajo ningún concepto.

Llegué del campeonato de Europa y todo agosto tuve que ir a clases particulares porque hubo asignaturas que no dejaron ni examinarme en COU y tuve que hacerlas en septiembre para poder hacer la selectividad. A partir de ahí pensé que quería dedicarme a los estudios, porque con la sincronizada ya había conseguido ser subcampeona de Europa y no me iba a dar de comer en un futuro.

Pero aquí no terminó, en absoluto. Esto fue solamente el principio. Un año más tarde volviste a la sincronizada y fuiste seleccionada por el Equipo Español.

Si bueno, el año que volví tuve que ponerme al día, porque un año sin sincronizada es mucho tiempo en realidad. Hacía dobles sesiones de entrenamiento para llegar al nivel que quería llegar (unos 10.000 metros diarios de natación y mucha preparación física). Decidí apostarlo todo a ese año y ver si me salía a cuenta; “si en este año no llego a lo que me propongo, lo dejaré de manera definitiva” me dije a mi misma. Ese mismo año quedé séptima de todas las chicas de la selección y me seleccionaron para la absoluta B y pude hablar con la seleccionadora, que era Ana Tarrés, y le dije que quería darlo todo por la sincronizada. Me costó mucho convencerla pero lo conseguí, en inverno del 2002.

¿Cómo eran los entrenos?

Se entrenaba muchísimo; entrenar ocho horas era como lo mínimo. Estuve dos años de suplente, el del mundial en Barcelona y el de los Juegos Olímpicos de Atenas, pero era el precio que tenía que pagar para poder estar allí. Yo estaba esperando mi oportunidad y entrenando muchísimas horas. Para ponerte un ejemplo, empezábamos a las ocho de la mañana y podríamos terminar a las diez de la noche, con apenas una hora o dos de descanso al mediodía. Y bueno, a la sincronizada al final le faltan horas al día y mientras más horas entrenas más posibilidades tienes de coordinar absolutamente cada movimiento.

En los Juegos Olímpicos de 2008, realizados en Pekín, conseguiste medalla de plata, y en los Juegos Olímpicos de 2012, en Londres, conseguiste la medalla de bronce.

Súper diferentes, porque los Juegos Olímpicos de Pekín fueron los primeros para mí y yo debutada como una de las jóvenes del equipo muy consolidado de la selección española. Era un equipo con muchísima experiencia y mucho rodaje, de manera que yo solamente me tenía que dejar llevar por ellas, porque estaba todo muy mecanizado y estructurado. Fue como un sueño, porque fue el momento en que la natación sincronizada española estaba ahí saboreando el resultado de muchos años. Me considero afortunada de haber coincidido con ellas. Ahora que voy haciendo zoom de todo lo vivido es cuando realmente soy consciente de todo lo que logramos, porque para superar la presión intentas quitarle hierro al asunto, intentando mentalizarte que es una competición más.

Y la verdad que Londres lo viví de otra perspectiva, porque yo era ya una de las veteranas y ya llevaba mucho rodaje a mis espaldas. Nunca mejor dicho, porque iba con dos hernias lumbares y un año horrible de dolores. Un poco sujetada con pinzas para que no me diera ningún golpe brusco y me quedara sin poder moverme. Cuando me tocó ser la que tiraba del carro (porque obviamente siempre hay cambio de roles) me resultó muy duro, porque tenía una gran responsabilidad de coordinación y gestión dentro del agua.

¿Cuál ha sido el momento más gratificante más de tu carrera?

Es que yo considero que cada medalla era como una recompensa brutal, porque al final un deportista hace como borrón y cuenta nueva en cada temporada. Cuando comienza una nueva etapa se parte de cero y se tiene que ganar otra vez la medalla, con los mismos esfuerzos y sacrificios diarios. Cada año había una recompensa: el campeonato de Europa, el mundial, los Juegos Olímpicos…

Yo creo que todos los campeonatos son súper valiosos, a pesar de la trascendencia de unos Juegos Olímpicos, que es como un sueño y otra dimensión a la que cualquier deportista quiere llegar.

¿Qué valores te caracterizan como deportista?

Pues como deportista, y más habiendo estudiado Inef y Derecho, tengo muchos valores alcanzados. Me di cuenta que los deportistas tenemos un aprendizaje muy bestia. El deporte te da como una evolución muy temprana que quizás la gente lo va adquiriendo con el paso del tiempo al llegar a cualquier empresa. En un tiempo muy reducido ponemos sobre la mesa el valor de trabajar en equipo, la responsabilidad individual, la humildad, la capacidad de aceptar todas las críticas y al final quedarte con las constructivas, etcétera. Sobre todo también la paciencia, porque no siempre llega todo inmediato; muchas veces tienes que esperar y creer, porque si tú no crees nadie lo va a hacer por ti y solo creyendo absolutamente en lo que haces puedes lograr cosas que quizás no imaginaste. Creo que, en definitiva, es algo muy potente y un cúmulo de valores que me llevo para la vida.

De hecho, la mente juega un papel muy importante…

Sí, en cualquier deporte, pero en la sincronizada juega un papel determinante, porque puedes entrar a las ocho al agua sabiendo que hasta las dos no vas a salir. Tienes que gestionar muchas emociones y mucho autocontrol. Yo recuerdo el hecho de pensar que ya me estaba congelando cuando solamente llevaba una hora de entreno y cuando aún me quedaban cinco horas para poder salir. Tranquilidad, no hay dolor y sin dolor no hay recompensa.

¿Cómo definirías el dolor?

La verdad es que la palabra dolor la lleva como interiorizada en mi espalda. Para mí dolor era apenas poder estar sentada o apenas poder recoger algo del suelo y luego hacer muchísimos movimientos con las piernas dentro del agua. Yo tenía muy presente que la mente juega un papel muy importante en dolor e iba a ir a los Juegos Olímpicos pese a todos los dolores que pudiese tener. Pero no nos olvidemos que al final es algo físico que te puede limitar y condicionar.

¿Piensas que el dolor es una excusa?

Odio las excusas. Pienso que cualquier cosa puede ser una excusa. Pienso que la excusa es lo un arma que tiene el cerebro para sabotearte a ti mismo para no intentarlo, y que te hace sentir bien sin haberlo intentado o habiéndolo intentado pero no a tu 100%. Creo que con las excusas no se llega a ningún sitio, es más, es un autoengaño, porque las limitaciones al final son cosas de nuestra mente.

¿Cómo compaginabas tu vida profesional con la laboral y académica?

Pues con una máxima planificación, a pensar de que la sincronizada nunca te permitía tener nada planificado, porque siempre podías salir horas más tarde o acordar entrenos extra los fines de semana. La verdad es que era difícil, sobre todo para mí que soy canaria y entrenada en Barcelona. La gente me pregunta siempre como me pude sacar dos carreras universitarias entrenando y yo digo que gracias a eso conseguí estar a mi máximo nivel deportivo, porque al final creo que estar al 100% en algo hace que te obsesiones de una manera que quizás no te deja rendir al máximo. Por ejemplo, si tienes un día malo y eso te lo llevas a tu descanso, hace que la bola sea cada vez más grande y que acabes rindiéndote por no tener una vía de escape.

¿Qué te ha enseñado el deporte?

Me ha enseñado todo, junto con mi familia. Me ha enseñado creo que lo más importante, que creyendo en algo apasionadamente en algo que no existe podemos crearlo, porque eso que no existe es algo que no has deseado lo suficiente. Nosotras hemos conseguido hacer milagros de ideas y locuras. Hemos conseguido hacer realidad cosas que solamente podíamos ver nosotras. Hemos conseguido medallas que años atrás nunca nos hubiéramos planteado. Con la fuerza de tener la confianza en uno mismo se pueden hacer muchas cosas. Sobro, hay que tener claro que insistiendo, resistiendo y persistiendo, y no rindiéndote, puedes conseguir lo que te propongas en la vida. Y si no es eso, eso derivará en un aprendizaje que te llevará a otros caminos.

¿Dónde está tu límite?

Me han enseñado que no hay límites, es decir, a conocer mis límites inexistentes. Al final el límite te lo marcas tú. La gente me dice que me tengo que poner metas realistas, pero yo creo que cuanto más surrealista sea, más cerca de aquello que sueñas vas a estar.

¿En qué momento te encuentras?

Me encuentro en un momento muy importante para mí; en un momento de crecimiento personal bastante potente en el que he roto con muchos estereotipos o barreras (no sé cómo llamarlo), porque en teoría mi destino era trabajar como abogada (porque hice un máster de asesoría fiscal) montando una división con deportistas y artistas y ayudarles fiscalmente. Ya se está viendo en las noticias que hay mucho desconocimiento y muchas lagunas en torno a este tema, por lo que quiero ayudar a muchos deportistas olímpicos, por ejemplo, que están desamparados en ese plano. Lo hice y fue un año tan duro en el cual no pude hacer el deporte que tanto necesitaba y me sentí tan agobiada que de repente rompí con todo y no acepté las ofertas de los despachos para dejarme llevar.

No sé, intentar buscar algo que realmente me motivara y consiguiera sacar mi máximo potencial. Tuve una ruptura amorosa de muchos años, además, y noté que tenía que aprender a controlar mis emociones, porque al final el éxito personal se consigue cuando nada te condiciona de una manera limitante. Yo me decanté y realmente no estoy trabajando, por es cierto eso que dicen que “haz lo que te gusta y no tendrás que trabajar el resto de tu vida”.

¿Cuál crees que es la visión de la sociedad ante la natación sincronizada?

Yo creo que como deporte minoritario tienes que crear un impacto importante para que la gente te preste atención. En nuestra época, el papel de Ana Tarrés como innovadora y siempre intentando buscar la locura para que la prensa se fije en nosotras fue determinante a la hora de crear una expectativa sobre un equipo ultra minoritario de un deporte que en el 2013 se comenzó a conocer por el campeonato del mundo de Barcelona. Creo que hubo un antes y un después de ese mundial y, sobre todo, también un antes y un después de esa persona que estuvo al mando y asumió el rol de intentar darlo a conocer a través de locuras como, por ejemplo, cortarnos el pelo en los Juegos Olímpicos de Londres con el único fin de crear siempre una expectativa más allá del deporte. Creo que con los deportes que no hemos tenido desde un principio el apoyo mediático o que lo teníamos únicamente en los Juegos Olímpicos hay que hacer algo diferente para llamar la atención. De hecho, creo que esta prueba fue la más vista en Londres; algo así como más de tres millones de persones que vivieron con nosotras la final de los Juegos Olímpicos de Londres.

Hasta aquí llega esta pequeña entrevista sobre tu gran e interesante recorrido deportivo. Muchísimas gracias por haber querido participar en este proyecto. Es todo un orgullo poder hablar contigo sobre deporte.

Bueno pues gracias a ustedes por pensar en mí y por estar interesados en conocer un poquito más allá de lo que se ve en la televisión y en las competiciones, y por creer en un deporte que ha sido histórico para España.

J. M. Polo.

2020-11-05

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